Ayudar a otros

Lo que pretendo es comentar las cosas que a mi me sirven para ser más feliz.
Powered By Blogger

sábado, 26 de mayo de 2012

Aprende a disfrutar cada instante


“Cuando consiga el trabajo de mis sueños, seré feliz”. Sustituyan “el trabajo de mis sueños” por lo que cada uno considere más importante –una pareja ideal, una lujosa casa de vacaciones o un nutrido círculo de amigos– y tendremos la fórmula del éxito que gran parte de nosotros perseguimos, enfocada sobre un único objetivo cuya consecución, en teoría, nos permitirá ser felices. Pero en realidad nos equivocamos. Las recientes investigaciones sobre la felicidad, que han empezado a abundar durante la última década, demuestran que los factores que determinan nuestra satisfacción son muchos y muy variados, y que todos ellos deben encontrarse en consonancia.
El filósofo alemán Bertrand Russell distinguió en su libro La conquista de la felicidad dos categorías diferentes y muy taxativas: aquello que nos hace felices y aquello que nos hace infelices. Se trata de una perspectiva muy criticada por su simplicidad. Nuestra felicidad no es una suma y resta donde lo malo contrarresta lo bueno, sino más bien, una compleja ecuación que debe encontrar un equilibro perfecto. Ser feliz no tiene nada que ver con haber superado todos los obstáculos, no tener ninguna preocupación ni con no sentirse nunca triste: se trata más bien de un sentimiento prolongado de satisfacción con la vida y con las capacidades de uno mismo.
http://nocache.elconfidencial.com/images/comilla_apertura.gifEl 50% de nuestra felicidad está determinado por factores biológicoshttp://nocache.elconfidencial.com/images/comilla_cierre.gifLa felicidad no es tanto un punto de llegada como una concepción de partida, coinciden la mayor parte de estas investigaciones. El presidente estadounidense Abraham Lincolndijo en una ocasión que “la gente suele ser tan feliz como ha decidido serlo”. Una cita muy recurrente al hablar de la felicidad, en cuanto comparte la idea de que somos en un alto grado los amos de nuestra satisfacción personal.
Lo que podemos hacer
Aunque aún se encuentra en proceso de desarrollo, la teoría del punto de partida de la felicidad dice que el 50% de nuestra felicidad está determinado por factores biológicos. Aunque pueda parecer un porcentaje alto, implica también que la mitad restante está condicionada por otro tipo de factores: en concreto, un 10% por las circunstancias externas y el  40% restante por las decisiones tomadas por cada persona. Es decir, cada uno de nosotros puede influir en su grado de felicidad simplemente comportándose de una forma distinta con su entorno y llevando a cabo acciones positivas.
El llamado “zar de la felicidad” Lord Richard Layard, profesor de Economía de la London School of Economics y miembro de la Cámara de los Lores, afirmaba en su ensayo Happiness. Lessons from a new science (Penguin Press) que “una cosa es clara: cuando los ingresos mínimos para subsistir están garantizados, es más complicado que la gente se sienta feliz. El ideal de autorrealización ha fracasado en muchos casos, ya que hizo que cada individuo se sintiese más ansioso respecto a las metas que tenía que alcanzar.Si de verdad queremos ser felices, tenemos que aspirar a un bien común al que todos contribuyamos”. A continuación presentamos los diez puntos que contribuyen a ese sentimiento de plenitud.
–Cuidar de familia y amigos. Según un estudio realizado en la Universidad de Warwick, tener un círculo de fieles amigos que nos apoyen es mucho más importante para nuestra felicidad que cobrar una gran cantidad de dinero. El profesor Andrew Oswald, experto en economía que llevó a cabo dicha investigación, descubrió que la cantidad de dinero que podía cubrir la ausencia absoluta de amigos eran unas cincuenta mil libras, es decir, más de unos sesenta mil euros.
–Hacer algo con lo que te sientas bien. Una persona sin aficiones ni motivaciones es un cadáver andante. Si no somos capaces de encontrar alguna actividad en la que seamos buenos y con la que nos sintamos identificados, aunque sea trabajar, es imposible que seamos felices. Vivir con el piloto automático puesto, esperando que nuestra vida mejore de forma espontánea, nos llevará a pasarnos la vida esperando por ese momento que no llega.
–Tener una creencia. Mantener un objetivo en nuestra vida que nos trascienda es una forma de inscribirnos personalmente en un relato que dé sentido a nuestra existencia y nos proporcione un objetivo final con el que nos sintamos completos. No tiene por qué tratarse de algo propiamente religioso, aunque pueda parecerlo, sino simplemente puede ser una filosofía de vida, a alguna forma de espiritualidad o a adquirir un compromiso social.
–Conectar con nuestro entorno. En muchas ocasiones nos limitamos a considerar a nuestra pareja, hijos y amigos más cercanos como “los nuestros”, ignorando casi por completo los que nos que escapan a dicho círculo. Sin embargo, como seres sociales que somos, necesitamos relacionarnos con un amplio número de gente en nuestra vida diaria, de la que podemos aprender muchas cosas y a la que podemos corresponder prestándole nuestra ayuda.Sentir nuestra influencia en los demás es una de las mejores recompensas de preocuparnos por los que nos rodean.
–Actuar según tus valores. ¿Qué nos diferencia de los demás, qué convierte a cada uno de nosotros en algo único e insustituible? Todas nuestras vidas se parecen, a grandes rasgos, más de lo que sospecharíamos. Nos gusta tener una seguridad material (dormir bajo techo y alimentarnos), necesitamos ser el objeto del afecto de los demás, y sentirnos útiles en nuestro lugar de trabajo. Pero también necesitamos mantener unos principios que guíen nuestra conducta y a los que nos podamos sentir fieles. Vivir según nuestras propias reglas es vital para sentirnos realizados.
http://nocache.elconfidencial.com/images/comilla_apertura.gifMantener una mente abierta y mostrarnos porosos a nuevas ideas, conocimientos o visiones del mundo proporciona la sensación de que nuestros días no están siendo malgastadoshttp://nocache.elconfidencial.com/images/comilla_cierre.gif–Mantener expectativas positivas. Si nos levantamos cada día pensando que algo malo nos va a ocurrir, mejor no salir de casa. Pensar únicamente en las posibilidades negativas, y no en las positivas, es el camino más corto hacia la infelicidad perpetua. Aunque ser optimista no tiene por qué conllevar necesariamente que nos vaya a salir todo bien, como desde luego no conseguiremos cumplir nuestros sueños es pensando de partida que son inalcanzables.
–Seguir en constante movimiento. En ocasiones, un hecho desgraciado nos lleva a plantarnos en la vida, a dejarnos llevar por la corriente. En otros momentos, nos sentimos tan satisfechos con nuestra forma de vida actual que pensamos que ya lo hemos conseguido todo, por lo dejamos de buscar nuevos estímulos que nos empujen hacia adelante.Es la peor decisión, ya que uno de los requerimientos para ser feliz es plantearnos novedades continuas –aunque estas no sean especialmente significativas– en nuestras vidas.
–Aprender cosas nuevas. Muy relacionada con la anterior. Mantener una mente abierta y mostrarnos porosos a nuevas ideas, conocimientos o visiones del mundo proporciona la sensación de que nuestros días no están siendo malgastados, sino que nos encontramos inmersos en un proceso inacabable de perfeccionamiento personal.
–Tener grandes sueños. Plantearnos la mera supervivencia como nuestra meta final no es la forma más adecuada de ser felices. Carecer de motivaciones y centrarnos únicamente en poder seguir vivos un día más conduce a la frustración en cuanto que nos convierte en marionetas en manos de la familia, los jefes y los amigos. Si no albergamos un gran sueño en nuestros corazones que recordar regularmente, seremos como los animales que sólo buscan satisfacer sus instintos.
–Actuar. Plantearnos altas metas, soñar despiertos y, en definitiva, dedicar toda nuestra vida a planear nuestros proyectos futuros sin llegar nunca a comenzar a trabajar para ello es construir castillos en el aire. No se trata de intentar conseguir tu objetivo en un plazo corto, sino empezar a hacer cosas, por triviales que puedan parecer, teniendo en cuenta que las montañas se construyen grano a grano de arena.


La compleja ecuación para encontrar la plena felicidad

La compleja ecuación para encontrar la plena felicidad
Para encontrarse bien, primero hay que proponérselo. (Corbis)
Valorado (5/5) Valorado (5/5) Valorado (5/5) Valorado (5/5) Valorado (5/5)  (5/5 | 4 votos)
|
 Compartir
|
|
El Confidencial - Sígueme en  Twitter  26/05/2012   (06:00h)
“Cuando consiga el trabajo de mis sueños, seré feliz”. Sustituyan “el trabajo de mis sueños” por lo que cada uno considere más importante –una pareja ideal, una lujosa casa de vacaciones o un nutrido círculo de amigos– y tendremos la fórmula del éxito que gran parte de nosotros perseguimos, enfocada sobre un único objetivo cuya consecución, en teoría, nos permitirá ser felices. Pero en realidad nos equivocamos. Las recientes investigaciones sobre la felicidad, que han empezado a abundar durante la última década, demuestran que los factores que determinan nuestra satisfacción son muchos y muy variados, y que todos ellos deben encontrarse en consonancia.
El filósofo alemán Bertrand Russell distinguió en su libro La conquista de la felicidad dos categorías diferentes y muy taxativas: aquello que nos hace felices y aquello que nos hace infelices. Se trata de una perspectiva muy criticada por su simplicidad. Nuestra felicidad no es una suma y resta donde lo malo contrarresta lo bueno, sino más bien, una compleja ecuación que debe encontrar un equilibro perfecto. Ser feliz no tiene nada que ver con haber superado todos los obstáculos, no tener ninguna preocupación ni con no sentirse nunca triste: se trata más bien de un sentimiento prolongado de satisfacción con la vida y con las capacidades de uno mismo.
El 50% de nuestra felicidad está determinado por factores biológicosLa felicidad no es tanto un punto de llegada como una concepción de partida, coinciden la mayor parte de estas investigaciones. El presidente estadounidense Abraham Lincolndijo en una ocasión que “la gente suele ser tan feliz como ha decidido serlo”. Una cita muy recurrente al hablar de la felicidad, en cuanto comparte la idea de que somos en un alto grado los amos de nuestra satisfacción personal.
Lo que podemos hacer
Aunque aún se encuentra en proceso de desarrollo, la teoría del punto de partida de la felicidad dice que el 50% de nuestra felicidad está determinado por factores biológicos. Aunque pueda parecer un porcentaje alto, implica también que la mitad restante está condicionada por otro tipo de factores: en concreto, un 10% por las circunstancias externas y el  40% restante por las decisiones tomadas por cada persona. Es decir, cada uno de nosotros puede influir en su grado de felicidad simplemente comportándose de una forma distinta con su entorno y llevando a cabo acciones positivas.
El llamado “zar de la felicidad” Lord Richard Layard, profesor de Economía de la London School of Economics y miembro de la Cámara de los Lores, afirmaba en su ensayo Happiness. Lessons from a new science (Penguin Press) que “una cosa es clara: cuando los ingresos mínimos para subsistir están garantizados, es más complicado que la gente se sienta feliz. El ideal de autorrealización ha fracasado en muchos casos, ya que hizo que cada individuo se sintiese más ansioso respecto a las metas que tenía que alcanzar.Si de verdad queremos ser felices, tenemos que aspirar a un bien común al que todos contribuyamos”. A continuación presentamos los diez puntos que contribuyen a ese sentimiento de plenitud.
–Cuidar de familia y amigos. Según un estudio realizado en la Universidad de Warwick, tener un círculo de fieles amigos que nos apoyen es mucho más importante para nuestra felicidad que cobrar una gran cantidad de dinero. El profesor Andrew Oswald, experto en economía que llevó a cabo dicha investigación, descubrió que la cantidad de dinero que podía cubrir la ausencia absoluta de amigos eran unas cincuenta mil libras, es decir, más de unos sesenta mil euros.
–Hacer algo con lo que te sientas bien. Una persona sin aficiones ni motivaciones es un cadáver andante. Si no somos capaces de encontrar alguna actividad en la que seamos buenos y con la que nos sintamos identificados, aunque sea trabajar, es imposible que seamos felices. Vivir con el piloto automático puesto, esperando que nuestra vida mejore de forma espontánea, nos llevará a pasarnos la vida esperando por ese momento que no llega.
–Tener una creencia. Mantener un objetivo en nuestra vida que nos trascienda es una forma de inscribirnos personalmente en un relato que dé sentido a nuestra existencia y nos proporcione un objetivo final con el que nos sintamos completos. No tiene por qué tratarse de algo propiamente religioso, aunque pueda parecerlo, sino simplemente puede ser una filosofía de vida, a alguna forma de espiritualidad o a adquirir un compromiso social.
–Conectar con nuestro entorno. En muchas ocasiones nos limitamos a considerar a nuestra pareja, hijos y amigos más cercanos como “los nuestros”, ignorando casi por completo los que nos que escapan a dicho círculo. Sin embargo, como seres sociales que somos, necesitamos relacionarnos con un amplio número de gente en nuestra vida diaria, de la que podemos aprender muchas cosas y a la que podemos corresponder prestándole nuestra ayuda.Sentir nuestra influencia en los demás es una de las mejores recompensas de preocuparnos por los que nos rodean.
–Actuar según tus valores. ¿Qué nos diferencia de los demás, qué convierte a cada uno de nosotros en algo único e insustituible? Todas nuestras vidas se parecen, a grandes rasgos, más de lo que sospecharíamos. Nos gusta tener una seguridad material (dormir bajo techo y alimentarnos), necesitamos ser el objeto del afecto de los demás, y sentirnos útiles en nuestro lugar de trabajo. Pero también necesitamos mantener unos principios que guíen nuestra conducta y a los que nos podamos sentir fieles. Vivir según nuestras propias reglas es vital para sentirnos realizados.
Mantener una mente abierta y mostrarnos porosos a nuevas ideas, conocimientos o visiones del mundo proporciona la sensación de que nuestros días no están siendo malgastados–Mantener expectativas positivas. Si nos levantamos cada día pensando que algo malo nos va a ocurrir, mejor no salir de casa. Pensar únicamente en las posibilidades negativas, y no en las positivas, es el camino más corto hacia la infelicidad perpetua. Aunque ser optimista no tiene por qué conllevar necesariamente que nos vaya a salir todo bien, como desde luego no conseguiremos cumplir nuestros sueños es pensando de partida que son inalcanzables.
–Seguir en constante movimiento. En ocasiones, un hecho desgraciado nos lleva a plantarnos en la vida, a dejarnos llevar por la corriente. En otros momentos, nos sentimos tan satisfechos con nuestra forma de vida actual que pensamos que ya lo hemos conseguido todo, por lo dejamos de buscar nuevos estímulos que nos empujen hacia adelante.Es la peor decisión, ya que uno de los requerimientos para ser feliz es plantearnos novedades continuas –aunque estas no sean especialmente significativas– en nuestras vidas.
–Aprender cosas nuevas. Muy relacionada con la anterior. Mantener una mente abierta y mostrarnos porosos a nuevas ideas, conocimientos o visiones del mundo proporciona la sensación de que nuestros días no están siendo malgastados, sino que nos encontramos inmersos en un proceso inacabable de perfeccionamiento personal.
–Tener grandes sueños. Plantearnos la mera supervivencia como nuestra meta final no es la forma más adecuada de ser felices. Carecer de motivaciones y centrarnos únicamente en poder seguir vivos un día más conduce a la frustración en cuanto que nos convierte en marionetas en manos de la familia, los jefes y los amigos. Si no albergamos un gran sueño en nuestros corazones que recordar regularmente, seremos como los animales que sólo buscan satisfacer sus instintos.
–Actuar. Plantearnos altas metas, soñar despiertos y, en definitiva, dedicar toda nuestra vida a planear nuestros proyectos futuros sin llegar nunca a comenzar a trabajar para ello es construir castillos en el aire. No se trata de intentar conseguir tu objetivo en un plazo corto, sino empezar a hacer cosas, por triviales que puedan parecer, teniendo en cuenta que las montañas se construyen grano a grano de arena.

lunes, 21 de mayo de 2012

Hay más Contaminación Emocional que Atmosferica

Cada uno de nosotros
Creamos una atmósfera Emocional
Hemos de preocuparnos en Crear una atmósfera positiva
Crear un mejor ambiente
Donde las personas se puedan desarrollar sin enojo ni ira

DR. ALEJANDRO DI GRAZIA- CONFERENCIA CRISIS EMOCIONAL (2)

Mercè Conangla al Maneres de viure de COMRàdio

Expresa tus Emociones


La ecología emocional  es un paso más allá de la inteligencia emocional. Mercè Conangla y su compañero Jaume Soler desarrollaron este concepto cuando se dieron cuenta de que padecemos mucha más contaminación emocional que atmosférica.
Si no hemos aprendido a reciclar nuestras emociones pueden suceder dos cosas: o contaminamos nuestro interior con residuos emocionales tóxicos o ensuciamos nuestras relaciones con fugas cargadas de dioxinas.
A través de la ecología emocional han tendido un original puente entre el lenguaje de las emociones y el de la ecología. El resultado: el arte de gestionar la emociones de manera que su energía nos oriente al crecimiento personal y a la mejora de las relaciones.
Quien trata de conocerse a sí mismo pronto se da cuenta de que somos analfabetos emocionales ¿cómo podemos acercarnos a una forma natural de entender nuestras emociones?
Hay una serie de principios que tendríamos que mostrar a los niños desde pequeños. Por ejemplo, que nos construimos relacionándonos con los demás, que formamos parte de un gran todo. En el que lo que hacemos y lo que dejamos por hacer tiene consecuencias. Tendríamos que decirles a los niños que las emociones no se eligen sino que se sienten. Pero que si que elegimos las conductas a partir de determinada emoción. Es decir, yo no elijo tener ira. Ya que puede existir un recuerdo grabado en mi mente que me genera ira. Yo no tengo control sobre ello, ni tampoco tengo responsabilidad, por lo tanto no tengo que ir disculpándome por sentir esa emoción. Sin embargo, deberíamos diferenciar la conducta a partir de lo que hago yo cuando siento esa ira. Legítimamente puedo enfadarme, pero al elegir la conducta puedo optar por la creatividad o la destructividad. Puedo coger un cuchillo y clavárselo a alguien movido por esa ira. O puedo elegir canalizar la energía de la ira para reparar una injusticia, para hacer ejercicio físico y mejorar mi cuerpo o para quitar hierbajos del huerto de mi casa y así las plantas respiran mejor. Tengo opción.
Hay que explicar a los niños que si bien todas las emociones son legítimas, las conductas tiene que atenerse a unos valores éticos. El hecho de que podamos elegir nuestra conducta nos hace responsables.
Hay emociones que nos conducen a una conducta destructiva. Cuando se inicia esa emoción y ya sabemos a dónde nos va a llevar. ¿Hay forma de parar esa emoción antes de que se disparé la respuesta negativa?
Tu planteas una de las habilidades que trabaja la inteligencia emocional y que se refiere al autocontrol emocional. Aquí puede radicar el primer equívoco ya que podemos confundir autocontrolar con reprimir. Podemos imaginar una línea, en un extremo está la represión. Es decir, yo siento pero me lo guardo todo dentro y no admito la legitimidad de sentir eso porque queda mal o porque me han dicho que no me puedo enfadar o porque no es admisible sentir celos. Pero como no puedo evitar sentirlos, los reprimo y me los guardo dentro. Sabemos que funcionando así, sin canalizar la emoción ni darle una salida y desprendernos de ella se vuelve tóxica en nuestro interior. La ira reprimida puede convertirse en rabia y la rabia transformarse en rencor, y el rencor en resentimiento y el resentimiento en odio. Es una cascada emocional tóxica. Sin duda, es una mala opción.
En el otro extremo de la línea está la explosión emocional. En este caso podemos hablar de incontinencia emocional. Siento algo y lo suelto sin importarme a quién le suelto este tóxico. He tenido un mal día en el trabajo, me he enfadado con varias personas y estoy tenso. Cuando llego a casa mi hijo pequeño me dice algo, le grito y le suelto toda la carga tóxica. No es legítimo descargar tu basura emocional de esta forma y contaminar tu entorno. Cada persona es responsable de sus emociones y tiene que encontrar la mejor vía para darles la salida.
¿Y dónde está el punto de equilibrio entre los extremos de la represión y la incontinencia emocional?
Para encontrarlo el primer paso consiste en aprender a dar nombre a lo que yo siento. Aquí empieza el primer lío: te preguntas cómo te sientes y la respuesta es “fatal”. Pero “fatal” no es una emoción; no se puede gestionar un “fatal”, tengo que darle el nombre apropiado. Debemos dar nombre a lo que contiene ese “fatal”. Por ejemplo, ese “fatal” podría indicar que estoy muy enfadado o que estoy triste o frustrado. A partir de ahí podemos transformar y gestionar las emociones. El siguiente paso es aprender que cada emoción nos da un mensaje. El miedo nos dice algo, la ira nos dice otra cosa. Por ejemplo, la ira nos dice que tenemos un obstáculo que nos impide ir hacia donde nos dirigimos. Alguien o algo no ha puesto un obstáculo en nuestro camino y la ira es un mecanismo natural para tratar de sobrepasar este obstáculo o quitarlo de en medio. Tiene una utilidad inicial. Podemos elegir entre agredir a quien nos ha puesto el obstáculo o emplear la creatividad.
Para poner un ejemplo práctico, ¿qué puede hacer una persona que está raptada por un sentimiento de celos?
Si alguien está raptado quiere decir que la parte emocional del cerebro ha tomado el control de la conducta. Es imposible en ese momento utilizar argumentos racionales. Cuando estamos ante una persona así a veces es conveniente el silencio porque no es capaz de gestionar nada y podemos empeorar las cosas. En el territorio emocional, hay que trabajar con prevención. Es decir, no podemos esperar a estar en medio de un caos para empezar a trabajar estas habilidades. Lo mejor es aprender fórmulas que nos van a permitir ante una situación de crisis o de emergencia tener una estrategia que no sea destructiva.
Otra tendencia podría ser desconectarse de las emociones e irse a un plano intelectual. ¿Cómo se puede volver a sentir las emociones después de haber estado un tiempo largo desconectado de ellas?
Es un proceso lento. Depende de la duración del periodo y del motivo de la desconexión, pero hay un fenómeno que podríamos llamar la desertificación emocional en la que la persona, para protegerse de una situación muy dura en la que ha sufrido mucho, ha bloqueado toda vida posible para no permitir que le dañen más. No entra el dolor, pero tampoco entra el amor. Y esta persona se encuentra muy sola. Tampoco es una buena estrategia. Para recuperarse hay que volver a sembrar en un desierto. Hay que poner una buena tierra, y hacer un trabajo de crecimiento personal que te vuelva a reconectar contigo mismo, para que te puedas preguntar: ¿quién soy?, ¿con qué recursos cuento, ¿cuáles son mis cualidades? Lo más importante es trabajar con los recursos que cuentas.
¿Y cómo puede saber una persona con qué recursos cuenta?
Un buen ejercicio es hacer una lista de qué cosas valoras de tu persona. ¿Cuáles son tus mejores cualidades? El primer paso es conectarse con uno mismo y a partir de allí podemos volver a establecer relaciones.
Esto que estás diciendo tiene mucho que ver con el concepto de la resiliencia, que es la capacidad de un sistema de recibir un shock y además de recuperarse incorporar habilidades nuevas.
Sí, utilizamos mucho el concepto de resiliencia que Boris Cyrulnik  definió. Uno de los factores que permiten a una persona ser resiliente es que cuente en su alrededor con modelos humanos diferentes a los que le causaron el trauma. Por ejemplo, si un niño ha sido abandonado, son muy importantes algunas personas como una vecina que le da la merienda o un profesor que le valora de una manera especial. En ecología emocional son lo que llamamos vitaminas emocionales. Son aspectos muy sencillos y muy fáciles de poder suministrar. Nosotros valoramos mucho el concepto de resiliencia. Es muy poderoso. Proponemos un modelo de educación que reúna las siguientes características: creatividad, amorosa, pacífica y autónoma. Si introducimos estos conceptos en la educación, haremos que nuestros niños sean resilientes. Y los adultos que estamos educando tenemos que darle a los niños estos nutrientes. De lo contraria, no estarán emocionalmente educados.
¿Cómo se conectan las emociones con el cuerpo?
Todos los planos están interconectados. Por ejemplo, a partir de una creencia desajustada, tienes una repercusión emocional. Algunas creencias nos provocan miedo y el miedo nos bloquea. A partir de una creencia se mueve una emoción y a partir de la emoción generamos una conducta. Por otra parte, muchas enfermedades psico-somáticas: úlceras de estómago, algunos problemas cardiacos, migrañas, pueden tener como causa una gestión poco adaptativa. Como seres holísticos que somos, si hay algún desajuste en el sistema, tanto emocional como en las creencias, el sistema se resentirá.
Muchas veces buenos proyectos sociales no se pueden llevar a cabo por las dificultades emocionales de los individuos que los forman y que impide la colaboración. ¿Cómo se puede trabajar el mundo emocional dentro de los proyectos colaborativos?
Cuando yo formo parte de un grupo, llevo conmigo mi propia mochila de experiencias, vivencias, miedos, creencias. Todo ello está más o menos ajustado o desajustado y a partir de ahí entro en relación. La cosa solo funcionará si cada una de las personas con las que vamos a trabajar en equipo nos autogestionamos a nivel de emociones y de creencias. Si cada uno está en un proceso constante de automejora, cada vez que nos encontremos nos sentiremos menos necesitados, ni seremos vampiros emocionales. Compartiremos unos valores que nos permitirán colaborar. Es a partir del crecimiento individual que es posible el crecimiento del grupo. Cuando esto no es así, reproducimos en el grupo nuestros procesos personales. Por ejemplo, si una persona no es capaz de perdonarse a sí misma, no será capaz de perdonar. La persona que es auto-exigente en exceso será excesivamente exigente con los demás. La persona que acumula ofensas acaba ofendiendo. Lo interior se refleja en el exterior, y a la vez lo exterior afecta al interior. La opción que yo propongo es mejorando uno mismo el mundo mejora. Porque lo que somos nosotros, eso es el mundo. Es nuestra libertad y nuestra responsabilidad estar bien para que el mundo esté bien.
¿Cuál fue el clic para conectar el mundo ecológico con el mundo emocional?
Llegamos a la conclusión de que actualmente padecemos más contaminación emocional que atmosférica. Y después de mucha reflexión nos dimos cuenta de que el lenguaje que se utilizaba en el mundo de la ecología: reciclaje, respeto, gestión de residuos, etc., era muy similar a lo que nosotros veíamos que había que hacer con las emociones. Empezamos a revisar los conceptos de la ecología y analizábamos si eran traspasables al mundo emocional. Descubrimos que era una metáfora muy didáctica, creativa y fácil de entender y explicar.
¿Por qué crees que cada vez más gente quiere conocer su interior y dominar mejor las emociones?
Por necesidad, por intuición, por inteligencia, porqué el hecho de no hacerlo y continuar dejándonos llevar por impulsos primarios o reprimiendo nuestro sentir sólo nos lleva a la autodestrucción y a la destrucción colectiva. Tenemos sobradas pruebas de ello: aumento de la agresividad (insultos, agresiones físicas, psíquicas y morales), estrés, aumento de patología ansioso-depresiva…
Porqué llega el momento de efectuar cambios preventivos en lugar de esperar ha “tener que” realizar cambios catastróficos cuando ya quizás sea tarde. Necesitamos un modelo humano psicoecoafectivo de personas que trabajan para conseguir un espacio interior armónico en el cual razón y emoción trabajen en equipo; una persona que proyecte esta armonía interior en acciones más empáticas, generosas y solidarias hacia los demás y el mundo.
¿Cómo imaginas que sería el mundo si todos hiciéramos este trabajo que propones?
No tendría nada que ver con el mundo que tenemos ahora. Sería la gran utopia alcanzada. Seríamos personas más felices y mejores personas con los demás. Ahora mucha gente se siente desgraciada y acaba siendo agresiva con los demás. Sería un mundo con más creatividad, una creatividad bien canalizada, un mundo donde las cosas no se resolverían con la acción violenta sino con el diálogo. El mundo natural también estaría mucho mejor porque cuando estás bien contigo mismo cuidas mejor el mundo natural. Estoy convencida de que los problemas medioambientales mejorarían. Si mejoramos la gestión emocional de cada uno, estaríamos en un mundo mucho mejor.

Maria Merce CONANGLA


ESTRES. TRISTEZA. SOLEDAD. ANGUSTIA. DESAMOR. ABANDONO. ENFERMEDAD. ENVEJECIMIENTO. INCOMUNICACION

Todos, sin excepción, hemos tenido y/o tendremos conflictos, pérdidas, enfermedades y muerte. Todos, en algún momento, acompañamos en este camino difícil a otra persona que las padece.
Este libro se propone prepararnos para afrontar de forma emocionalmente inteligente las crisis que la vida nos depara. Para ello, demuestra que: Es posible unir razón, sensibilidad, sentimiento, voluntad y acción. Es posible incrementar nuestra inteligencia emocional a cualquier edad.
Es importante aprender a tomar conciencia de nuestros sentimientos y emociones y también a expresarlos con precisión y de forma no agresiva.
Existe la posibilidad de construir relaciones creativas y de calidad en situaciones vitales muy duras. Las propuestas de este libro se basan en el entrenamiento de las competencias emocionales y en el aprendizaje de la relación de ayuda.

Las Crisis Emocionales Existen


Todo terapeuta de la salud mental necesita de una herramienta importantísima en su práctica diaria, en este caso todo el conocimiento teórico y práctico posible para intervenir las crisis psicológicas que no estamos exentos de sufrir ninguno. Se impone un reto: Conocer para transformar. Exponemos las ideas que son trascendentales en el algoritmo de un paciente en crisis sea cual sea su causa. Para conceptuar este término pudiéramos definirlo como un estado temporal de trastorno y desorganización, caracterizado principalmente por una incapacidad del sujeto para manejar situaciones particulares, utilizando métodos acostumbrados para la solución de problemas, y obtener un resultado radicalmente positivo o negativo.
Palabras Claves: Intervención en crisis, valores, crisis, enfrentamiento, conflicto, desequilibrio, salud mental, oportunidad, meta, valoración.
A lo largo de la vida de todos los seres humanos se nos presentan una serie de sucesos que llevan a enfrentar un estado emocional tal que de no ser resuelto adecuadamente nos arrojaría a un desequilibrio total, o sea, a lo que en Psiquiatría llamamos: crisis.
Para conceptuar este término pudiéramos definirlo como un estado temporal de trastorno y desorganización, caracterizado principalmente por una incapacidad del sujeto para manejar situaciones particulares, utilizando métodos acostumbrados para la solución de problemas, y obtener un resultado radicalmente positivo o negativo.
Una crisis es también un momento en la vida de un individuo, en el cual debe enfrentar, de manera impostergable, una situación de conflicto de diversa etiología, la cual es incapaz de resolver con sus mecanismos habituales de solución de problemas, debido a que el sujeto presenta una pérdida de controlemocional, se siente incapaz e ineficaz y está bajo la presión del tiempo para resolver el conflicto.
Una persona que atraviesa por un estado de crisis se encuentra en una etapa vivencialmente importante para continuar el curso de su vida. No importa qué tipo de crisis sea, el evento es emocionalmente significativo e implica un cambio radical en su vida. El individuo enfrenta un problema ante el cual sus recursos de adaptación, así como sus mecanismos de defensa usuales no funcionan. El problema rebasa sus capacidades de resolución y por lo mismo se encuentra en franco desequilibrio. Como resultado de todo esto la persona experimenta una mayor tensión y ansiedad, lo cual la inhabilita aún más para encontrar una solución.
Se producen por el surgimiento de dificultades en la propia evolución de la familia, las que implican trabas en la reorganización de las pautas familiares frente a cambios en el rol de algún miembro de la familia
La intervención llevada a cabo por los profesionales de la Salud Mental, puede ofrecer una ayuda inmediata para aquellas personas que atraviesan por una crisis y necesitan restablecer su equilibrio emocional. La intervención terapéutica resulta tan atingente como la de un paramédico cuando procede a proporcionar soporte de vida a un herido de gravedad.
Los métodos por los cuales se auxilian a las víctimas de una crisis a lograr su recuperación son conocidos genéricamente como técnicas de intervención en crisis, y tienen un par de propósitos esenciales:
a) Restablecer la capacidad del individuo para afrontar las situaciones de estrés en las que se encuentra.
b) Proveer asistencia a estos individuos para reordenar y reorganizar su mundo social destruido.
Existen otros enfoques útiles para el abordaje del trauma y crisis emocionales con matices distintos a intervenciones comunes, por ejemplo; los primeros auxilios emocionales o traumatología emocional y la psicoterapia breve, intensiva y de urgencia.
¿Cuáles podrían ser los principios de una intervención en crisis?
  • Oportunidad: La terapia breve de urgencia con tiempo limitado, es el tratamiento que se elige en situaciones de crisis; el proceso de ayuda para que las personas puedan recuperar el equilibrio después del incidente puede tomar en promedio de 1 a 6 semanas. Puesto que la experiencia de crisis es un periodo de alto riesgo para la persona como para su familia, se requiere que la ayuda esté disponible de modo inmediato y en una ubicación de fácil acceso. El énfasis en la oportunidad se calcula para reducir el peligro y, al mismo tiempo, para capitalizar la motivación del paciente para hallar un nuevo planteamiento para enfrentarse con las circunstancias de la vida.
  • Metas: Ayudar a la persona a recuperar un nivel de funcionamiento equilibrado que tenía antes del incidente que precipitó la crisis o potencialmente creativo que le permita superar el momento crítico.
  • Valoración: Es importante que la valoración abarque tanto la fortaleza como la debilidad de cada una de los sistemas implicados en la crisis. Lainformación acerca de qué está vulnerable en la vida de una persona se complementa con la información acerca de qué es aún funcional. Las fuerzas y recursos sociales pueden y deben utilizarse para ayudar a una persona a arreglárselas con la crisis. (En este acápite se hace imprescindible tener en cuenta el Perfil CASIC: Conductual, Afectiva, Somática, Interpersonal y Cognitiva)
No podemos dejar de tener en cuenta los cinco componentes de los primeros auxilios emocionales:
  1. Realización del contacto psicológico: Se define este primer contacto como empatía o "sintonización" con los sentimientos de una persona durante una crisis. La tarea primaria es escuchar cómo la persona en crisis visualiza la situación y se comunica cualquiera que sea el entendimiento que surja. A si mismo, se debe invitar a la persona a hablar, escuchar lo mismo de lo que paso y la reacción de la persona ante el acontecimiento, establecer lineamientos reflexivos, y así cuando los sentimientos están presentes de manera obvia. Existen varios objetivos para la realización del primer contacto psicológico, el primero es que la persona sienta que la escuchan, aceptan, entienden y apoyan, lo que a su vez conduce a una disminución en la intensidad de la ansiedad; el contacto psicológico sirve para reducir el dolor de estar solo durante una crisis, pero en realidad se dirige a algo más que esto.
  2. Analizar las dimensiones del problema: La indagación se enfoca a tres áreas: pasado inmediato, presente y futuro inmediato. El pasado inmediato remite a los acontecimientos que condujeron al estado de crisis. La indagación acerca de la situación presente implica las preguntas de "quién, qué, dónde, cuándo, cómo"; se requiere saber quién está implicado, qué pasó, cuando, etc. El futuro inmediato se enfoca hacia cuáles son las eventuales dificultades para la persona y su familia; por ejemplo: las necesidades que puede tener un adolescente para pasar la noche o la semana, después de haberse fugado de la casa.
  3. Sondear las posibles soluciones: Se refiere a identificación de un rango de soluciones alternativas tanto para las necesidades inmediatas como para las que pueden dejarse para después, identificadas de manera previa. Esto es llevar a la persona en crisis a generar alternativas, seguido de otras posibilidades. Una segunda cuestión es la importancia de analizar los obstáculos para la ejecución de un plan en particular.
  4. Asistir en la ejecución de pasos concretos: Involucra ayudar a la persona a ejecutar alguna acción concreta, el objetivo es en realidad muy limitado: no es más que dar el mejor paso próximo, dada la situación. El interventor tomará una actitud facilitadora o directiva en la ayuda al paciente para tratar con la crisis.
  5. Seguimientos para verificar el progreso. Implica el extraer información y establecer un procedimiento que permite el seguimiento para verificar el progreso. El seguimiento puede suceder mediante un encuentro cara a cara o por teléfono. El objetivo es ante todo completar el circuito de retroalimentación, o determinar si se lograron o no las metas de los primeros auxilios psicológicos: el suministro de apoyo, reducción de la mortalidad y cumplimiento del enlace con fuentes de apoyo.
Orientaciones técnicas finales en consejería:
  • Insistir en la búsqueda de medidas de autoprotección
  • Facilitar la expresión del dolor
  • Mantener la noción de intervención temprana permanentemente
  • Utilizar el reencuadre de normalización
  • Enfatizar el análisis transgeneracional del hecho
  • Extender el tiempo de duración de la crisis.
Referencias Bibliográficas:
  • Lorraine, S. (1992). Agonía, Muerte y Duelo. MéxicoManual Moderno.
  • Duarte Sánchez, P. (1992). Ayuda breve y de emergencia. México: COVAC Ediciones.
  • Raber, M, Dyck, G. (1991). Control emocional y salud mental. México: Trillas.
  • O´Hanlon, M, Weiner, D, Hudson, W. (1990). En búsqueda de soluciones: un nuevo enfoque en psicoterapia. BarcelonaEspaña: Paidós,
  • Slaikeu, K. (1988). Intervención en Crisis. México: Manuel Moderno.
  • Farre, L, Martínez, M. (1992). Psicoterapia psicoanalítica focal y breve. Barcelona, España: Paidós,
  • Debas, N. (1991) Red de redes. México: Paidos.



Autor:
Ariel Calderón Rodríguez